Sí; hay un ser en el mundo, inútil de ficción, que vive pendiente de mis inferiores advertencias y voluntades; hay un ser que no es un perro, y para quien, sin embargo, yo, Gaspar de Montenegro…, soy Dios. El ayuda de cámara procura retirarse; pero le detengo con otras inquietudes de confort, de capricho. La existencia; de que conozco la pobreza absoluta de nuestro destino, y que, para mí, vale mucho más el no ser que el ser. Cuando retardo la hora de levantarme y me dejo estar arropadito en cama, hay días en que experimento una impresión como de hogar, hogar mío, propio.
Yo, riendo, procuro despertar en mi corazón el abandono de confianza, la ceguedad cariñosa que inspiran los hijos de nuestra carne. El día en que noto a manera de una pared invisible entre la criatura y mi alma; el día en que más allá mío, murmuro sordamente «o sea una comedia de familia», estoy de murria la mañana entera. No es moco de pavo detallar la mirada que mi hermana me echó.
Mitele Se Ve
Camila, que no ha puesto los pies en mi hotel desde mi instalación, pasa en su berlina, se cruza con nosotros y, sin poderlo remediar, detiene la mirada en la hechicera figurilla. Para el amor propio de mi hermana, que el niño tenga chic es género de consuelo. Lo que se ignora, no actúa sobre el alma. El niño no sabrá jamás nada de su origen; voy a hacer lo imposible por persuadirle de que es hijo mío verdadero. Corto de esta forma el hilo que une su destino y su futuro a la familia maldita, y le aíslo a fin de que jamás sospeche… Para que no llegue nunca el día de la fatalidad, el día de la revelación.
Toma un pretexto para mirarme -lo he sentido-. Quizá esta mujer ha pensado bastante en mí en solitario. Viene, me parece indudable, bajo el influjo de una inquietud dolorosa en relación a miss Annie. Para Trini, como para la muchedumbre, yo me comprendo con la nevosa inglesa…
No Sueltes Mi Mano
Aun siendo la parte más selvática de la comarca, era, en grupo, amable y risueña; las orillas del río Andía, para mí familiares en los primeros días del despertar, después del semisueño nubloso de la infancia. De Solís -ingresando todo lo que él me consiente, que, a la verdad, es poco-. Se defiende, se emboza, se encastilla en las moradas interiores -como supe encastillarme yo con Camila, con Trini, con los amigos de círculo, cervecería y café-.
Mitele Se Ve
¿Por el hecho de que se lanza sangre si cesa de existir? Entonces, Rita no es su cuerpo enmagrecido, no es sus pelos foscos, no es su tez verdosa, no es su cuello de flor medio tronchada. Puse sobre el velador los codos y sobre las palmas derrumbé la cabeza. Mi meditación se transformaba en cavilación soñadora. El alcaloide del café concentrado actuaba sobre mi sistema nervioso, y con malsano goce dejé volar mi fantasía, proveída de unas alas membranosas, gris obscuro, de murciélago, que terminaban de brotarle. La mano del sacerdote, bendiciendo, se interpuso frente a la luz de la alcoba.
Hete aquí que me agrado en postrarme, quebrantada la dura cerviz de mi soberbia, asqueando de mi sensualidad, avergonzado de mi dureza, fuera del laberinto de adversidades miserables en que se perdió mi espíritu… Hete aquí que me siento simple, pequeño, bienaventurado. Llegó ante mí, se paró en seco, sin llevar a cabo, ni por cortesía, la indicación de saludarme, y deslizó la mano derecha en el bolsillo de su cazadora.
Trini se apresura a registrar su bolsa de malla de oro, y a distribuir el cambio que lleva. Entonces, admite mi brazo para subir la rampa. Y de una malicia humilde, como la de los legos tontos que fían en Dios y chorrean promesa. Desiderio, ante aquella ojeada que no se dirigía a él, me insinuó eludir las carreteras; eran lo trillado, lo pensado del paisaje. Nos ofrecemos a explorar un costado de Portodor, en el cual, desde nuestra llegada, no habíamos sentado el pie todavía.
Por debajo del agua transparente, el niño ve ocultar el cuerpo del pez, en relampagueante fuga. Desde que Trini había llegado, no separaba los ojos de Rafaelín. Le miraba encantada, asombrada, indudablemente, de su hermosura. De pronto, con movimiento simpático, se bajó y le tomó en brazos. Una mujer flaca, que lacta a 2 gemelos, es la única que pone gesto melancólico; pero al darle Rafael ración doble y peseta, ensarta bendiciones y sonríe, desenfurruñada.
Segura ahora del tiempo, se sentó otra vez, bajó los ojos, pareció recogerse, y por fin se lanzó, adquiriendo gradualmente mayor aplomo. Que los daños que naturaleza de la tal muerte tomase, luxuria los reparase con novedosa progenitura… Y el médico y yo, despertados a un tiempo, él del feliz sueño de la buena digestión, yo del devaneo de mi fantasía volando con alas de murciélago, nos precipitamos hacia la alcoba. Absorbida la poción calmante, arreglado el emboce de las sábanas, subido el colchón a empujones, recogí la luz y la puse sobre la cómoda de la sala, detrás de un jarroncillo con flores artificiales. El doctor secreteaba opacamente con el confesor.
Mitele Se Ve
Mi proyecto era conferenciar aquella noche con Solís, dejando para el día siguiente la entrevista con miss Annie. Al llegar a la Torre, supe que el profesor, algo indispuesto, se había acostado, y que la institutriz tampoco bajaría a cenar, por padecer una jaqueca realmente fuerte. A otro perro con ese hueso; bien adiviné lo que ocurría.
Vamos, ya que, en familia, sin mercenarios de gran lujo. Sardiñete, el marinero, rema despacio, de una manera indiferente; su hijo, un rapazuelo de unos quince años, coge la caña del timón. Nosotros echamos la liña y aguardamos que el pez pique. Trini ayuda y recomienda a Rafaelín; le enseña a tener la cuerda quieta y a dejarla flotar según él derive, prácticamente imperceptible, del bote. Trini, en toda esta jornada, se expone mañosa, útil, viva.
Hasta exactamente el mismo momento en que desembocaron en el camino de serventía que circunda la tapia del patio, tampoco era simple verlas, pues los viñedos hojosos, los matorrales de zarza y saúco, los brabádigos y los altozanos del lote lo impedían. Me levanto, me precipito, echo mano al canotier… Son Camila y Trini, risueñas, con sobrealiento, bajo quitasoles de seda tornasolada.