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En el momento en que nos separamos, nos cogimos de las manos y las agitamos como adolescentes histéricas. Exclamó y dejó huír una risa alborozada ; van a ser unos días inolvidables, lo sé. Y ahora, mucha casa, mucho paisaje, pero dónde se encuentra el Ferrero Rocher? La miré confundida, pero alarma a sus siguientes palabras; de repente comprendí y estallé en una carcajada.

La camisa blanca destacaba su tez bronceada por el trabajo al aire libre. Llevaba el cabello suelto sobre los hombros, dorado y brillante, pero con ese sempiterno toque rebelde e indomable que agregaba una salvaje masculinidad a su porte. De pronto, sentí su mirada reflejada en el espéculo clavada en mí. Perplejo y obnubilado, me recorrió despacio, prestando atención a cada aspecto; sus labios se abrieron, su mirada se encendió, sus aspectos se tensaron. Contuve la respiración en el momento en que se volvió hacia mí. Avanzó de forma lenta y, a cada paso, la emoción que brillaba en sus ojos aumentaba.

Hasta que la plata nos separe capitulo 13

No había mujer que resistiera el impulso de volverse para mirarlo, pero, afortunadamente, mi hermoso vikingo sólo tenía ojos para mí. Tiré de manera fuerte del pantalón, liberando su grandiosa exigencia, altiva y pesada, que basculó apuntando de manera directa a su propósito. Sonreí libidinosa; el deseo me consumía.

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Hayamos ido arriba, tu cuarto está en la segunda planta; podéis cambiaros y refrescaros si lo deseáis antes de almorzar. Iré por las maletas anunció Gunnar. Es posible que hayas construido esta supercabaña comenzó a decir Yusuf, pero te aseguro que vas a ser incapaz de levantar tú solo entre las maletas de Elena, ni con ruedas pudimos arrastrarla; voy contigo.

Averiguó en un susurro quedo y grave. Negué con la cabeza, poco a poco más urgida por el deseo palpitante que punzaba mi vientre. La música que conforman tus gemidos; no tienes iniciativa de la proporción de sonidos diferentes que emites en el momento en que te poseo, podría tener un orgasmo solo escuchándote. De repente, la loba traviesa y juguetona de mi interior surgió dominando la situación.

Gunnar la construyó aduje orgullosa. Alucinante, ahora me explico esos brazos. No lo hice yo solo, no soy Sansón espetó Gunnar sonriente. No, pero casi repuso con admiración. Eché una ojeada a Yusuf, que no parecía muy complacido con la efusividad de Elena hacia Gunnar.

Arqueé la espalda y me convulsioné sometida por una miríada de descargas eléctricas. Gunnar continuó su alocada danza, totalmente ajeno a cuanto nos rodeaba; por un momento temí que el tablero no resistiera nuestro empuje. En una última y profunda embestida, escapó de sus labios un largo, susurrado y quebrado gemido liberador.

Hasta que la plata nos separe capitulo 13

Es mi sueño, sí, del que no quiero despertar jamás. Elena sostuvo mi mirada; sus ojos avellana se humectaron, asintió con una sonrisa conmovida y avanzó hacia mí. Nos estrechamos en un emotivo abrazo.

Sí, tu pequeño bombón dorado, tu Khaled. Sin parar de reír, tuve que sentarme en la cama, doblada en dos. En el postre conseguí decir entre carcajadas. Elena se sentó junto a mí, contagiada por mi risa; las dos nos tumbamos en cama. Estallábamos en carcajadas cuando entraron Gunnar y Yusuf rojos como pimientos por el sobreesfuerzo, sudando y fulminando a Elena con la mirada; las risotadas de las dos aumentaron.

Tras dar el pecho a mi Khaled, bajo la enternecida mirada de Elena, ambas corrimos a estar listos. Para la ocasión me había comprado un traje de seda salvaje en color amarillo, estilo sirena, que se ceñía a mi talle para abrirse a mitad de muslo. Afortunadamente, como ya me anticipó la matrona, había recuperado la figura velozmente merced a la lactancia, y naturalmente al ejercicio físico.

Gunnar se colocó entre mis piernas; una espesa humedad surgió, anticipando la incursión. Acaricié sus voluminosos hombros, mantuve su ígnea mirada y con total premeditación alcé la cadera en una muda convidación. Sin embargo, él permanecía estático, erguido sobre mí, con los brazos tensos y sus ojos devorando mi rostro con una extraña expresión impresionada. Pero sabes qué más me subyuga?

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Así lo hice mientras disfrutaba de mis caricias bajo la atenta y sufrida mirada de Gunnar. Jadeaba cada vez con mayor intensidad; el placer me sacudía, y ver la tortura y la contención en sus ojos acrecentaba mi goce, aumentando el ritmo de mis caderas. En el momento en que casi llegaba al clímax, Gunnar me detuvo. Se deslizó raudo entre mis piernas y su lengua acabó lo que mi mano había comenzado. Mis gemidos ya eran gritos de placer desquiciante; la voracidad de su lengua estaba concluyendo con mis sentidos. Estallé en un orgasmo burbujeante que transformó mis venas en ríos de lava.

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Un grito aliviado brotó desde lo más profundo de su garganta. Una de sus manos se aferró a mis nalgas, oprimiéndolas con ferocidad, mientras que la otra apresaba mi nuca. El beso fue prácticamente un acto de genuino salvajismo.

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Mi león salió despacio de mí; la tensión de su rostro mostraba claramente la contención y el placer que lo desgarraban. Nuevamente, se hundió en un solo y brusco movimiento. Sostuvo mis muñecas sobre mi cabeza y mordió mi garganta, como una alimaña enloquecida. Salía lenta y sufridamente de mí, mientras que se sumergía en mis ojos, para luego encajarse con brusquedad, permaneciendo un instante en mi interior, al tiempo que devoraba mis lastimados labios. Continuó aquella dulce tortura, convirtiendo mi sangre en lava candente; aun creí que mis huesos se fundían. El tórrido exitación que me sacudía en oleadas de fuego me elevaba a una agonía electrizante, amenazando con convertirse en una auténtica ciclogénesis explosiva.

Mujer De Nadie Capítulo 32

A la de preservar un aspecto impecable, cuando hace apenas un instante eras una bestia en celo. No quiero tu piedad gemí, con voz ronca y sensual, deseo que me destroces como la bestia que eres. Capturó mi boca en un asalto feroz y hambriento; su lengua deseosa buscaba refugio con desespero, sin dar cuartel, retándome en una danza alocada, manejada por los hilos de un deseo incontrolado. Sentí las garras de sus dedos hundiéndose bruscamente en mi carne, como si buscara el alivio más allá de mi piel.

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