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De repente, la loba traviesa y juguetona de mi interior brotó dominando la situación. Veamos si eso es cierto musité mientras esbozaba una sonrisa insinuante. Gunnar abrió los ojos precisamente confundido, pero cuando vio que metía en mi boca dos de mis dedos y los saboreaba con fruición, un deseo acuciante oscureció su mirada. Sin apartar los ojos de los suyos, llevé mi mano hacia mi sexo, decidida a procurar un momentáneo alivio al anhelo que sacudía mi cuerpo.

De que te quiero te quiero capitulo 41

Murmuró contra mi pelo. En el momento en que nos apartamos, nos cogimos de las manos y las agitamos como jovenes histéricas. Exclamó y dejó huír una risa alborozada ; van a ser unos días inolvidables, lo sé. Asentí igual de ilusionada. Y en este momento, mucha casa, bastante paisaje, pero dónde está el Ferrero Rocher?

Yo voy tras ella y, cuando me dispongo a ponerme a su lado porque podemos encontrar otro semáforo, se interpone un estúpido con un coche y, lo peor, soy consciente de que empieza a charlar con Jud. Quién coño es ese tío? El semáforo cambia a verde y ella regresa a apresurar, el tipo del turismo asimismo, y yo no voy a ser menos. Adelanto al coche y, en el próximo semáforo, soy yo quien está parado junto a mi mujer, al tiempo que el gilipollas de atrás me está poniendo de los nervios.

Ezequiel, Hombre De Visiones

Una y otra y otra vez, me hundo en ella mientras mis manos vuelan por sus pechos, su estómago, sus caderas, su cuello. Todo es exitación… Todo es disparidad… No tenemos ganas que esto concluya. Los animales que habitan en nosotros hacen acto de presencia y nos dejamos llevar mientras nos follamos tal y como si no existiesen un mañana.

Las bestias que los dos llevamos dentro se apoderan de nuestros cuerpos cuando gozamos y nos saboreamos tras muchos días de sequía. Regocijados en ofrecernos exitación, nos dejamos llevar total y absolutamente, y, sin hablar, sólo mirándonos, nos hacemos el amor con fuerza, ímpetu y resolución. Ahora soy yo quien desea regentar el baile y la empalo en mi pene mientras ella chilla de placer, me mira y sonríe. Y lo vuelvo a reiterar. Tras ese primer acercamiento nos reponemos, pero pasado un rato soy yo el que pide un segundo. Le solicito que me folle en la oscuridad de la habitación, y lo realiza.

De que te quiero te quiero capitulo 41

Su mirada me aporta calma y su sonrisa, disfrute. Sin charlar, me afirma cuánto le gusta lo que ve, y yo sonrío. Sonrío y me dejo realizar. En el momento en que me ha secado, el hombre lleva mi pene a su boca. Siento su aliento… Percibo su excitación, tanto como percibo la mía.

Corre Por Medio De La Noche Está Sola Y Siente De Qué Forma Le Invade

Me sonríe de esa forma que sabe que me enciende la sangre, y no precisamente en el buen sentido, y me provoca. Joder con Judith! Me pregunta por Félix, el marido de Ginebra, y, ávida de comprender, asimismo me pregunta si ella me dejó por él. Pero qué hace preguntándome eso? Mi gesto se contrae.

La primera oportunidad que te hice mía llevabas un vestido similar. Aquel recuerdo, de hacía 12 siglos, volvió a mí, con detallada claridad. Continúo sin moverme. Noto que se tumba en cama y, cuando oigo que su respiración se relaja y sé que es porque está dormida, me doy la vuelta y, aun en la oscuridad, la miro. Judith, mi amor, mi loco y salvaje amor, es como un potro sin domar, como afirma entre las canciones que ella escucha.

Una de sus manos se aferró a mis nalgas, oprimiéndolas con ferocidad, mientras que la otra apresaba mi nuca. El beso fue prácticamente un acto de genuino salvajismo. Nuestros dientes chocaban, nuestras lenguas ondeaban enloquecidas, nuestros labios se oprimían con desespero. Fue tal y como si se hubiese liberado un vendaval en aquel minúsculo receptáculo. La boca de mi hombre devastaba la mía, con besos incendiarios.

Me había transformado en su presa, pero no sería el único que iba a gozar del festín. En pos de oxígeno, Gunnar se separó solamente, para clavarme una flamígera y enfervorizada mirada felina. Vio en mis ojos tal desesperación que su disparidad aumentó, obscureciendo su semblante.

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Hace días que encargué algo, y cuando el ligado me lo da, sonrío. He comprado un candado rojo y azul y he hecho grabar nuestros nombres para llevar a Jud al puente Kabelsteg. Quiero sorprenderla. Las jodidas y alterables hormonas del embarazo me matan, y el tema del sexo sigue siendo algo complicadillo entre los dos.

Se encontraba enfermo con gripe. Moritz cogió un pañuelo y se sonó dando un trompetazo… Pero la nariz siguió taponada. El caso es que yo no sé la causa, mas sé que es muy ordinario esto. Esto es lo que hace al caso; este miedo es el que yo deseo jamás se quite de nosotras, que es lo que nos debe de servir. ¡Cómo me he alargado!

Qué Sucede Cuando La Familia Se Rompe?

En el transcurso de un rato nos divertimos de la compañía de amigos y conocidos, y muchas de las mujeres que fueron mamás se preocupan por el estado de Jud. Ellas comienzan a hablar de pequeños, estrías y embarazos, hasta que Foski entra en escena y veo el gesto de desagrado de mi mujer. Esa tía no le gusta nada. Vamos, tan poco como a mí. Jud y ella se saludan, y yo tengo que disimular. Conozco a mi pequeña y su ademán lo dice todo; por este motivo, y en el momento en que veo que Björn ahora desea ingresar en materia, animo a Jud a irnos, pero ella se niega.

Por medio de la ventana la veo llegar y me encamino hacia el garaje. Cuando abro la puerta, ella apaga el motor. Estaba preocupado por ti digo.

Vale…, fue mi novia, pero qué he hecho yo mal para que ella viera algo raro? Empezamos a debatir. Y tras llamarme Bollito y cabrearme, al final me confiesa que siente celos. Seriamente está celosa de Ginebra?

Inquirió en un susurro quedo y grave. Negué con la cabeza, cada vez más urgida por el deseo palpitante que punzaba mi vientre. La música que componen tus gemidos; no tienes idea de la cantidad de sonidos diferentes que emites en el momento en que te poseo, podría tener un orgasmo solo escuchándote.

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